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Dulcis Memoria – Henry Van Dyke

Dulcis Memoria
Hola estimados lectores, arrancamos una nueva jornada de nuestro portal de poemas románticos con una solicitud de Javier Hernández, quien es un fiel lector de nuestra web y en especial de nuestro segmento de poemas góticos el cual debo admitir que no esperaba una aceptación de tal magnitud entre nuestra comunidad.

El poema que traemos para esta oportunidad lleva por nombre Dulcis Memoria el cual es una creación de Van Dyke, Henry (1825 – 1933), quien fue un conocido escritor, clérigo y docente estadounidense. También fue conocido por su aporte en la traducción de memorables obras alemanas al igual que su trabajo como profesor de la literatura inglesa.

Esperamos que disfruten tanto como nosotros en compartir este hermoso poema de Van Dyke, Henry, como siempre no olviden en compartir sus opiniones y comentarios los cuales son muy tomados en cuenta por los administradores de este su portal de poemas románticos.

Dulcis Memoria

Hace mucho, mucho tiempo, escuché una canción,
(¿Fue hace mucho o sólo ayer?)
Suaves heridas se abrieron ante su melodía,
Descendiendo profundo hacia mi corazón.
Una canción de entrañable consuelo;
Que desde entonces me acompaña
En las horas más calmas y silenciosas,
Como un agudo, dulce sonido que nunca morirá.

Hace mucho, mucho tiempo, vi una pequeña flor,
(¿Fue hace mucho o sólo ayer?)
Tan hermosa en su fragancia de largas horas,
Que parecía querer revelarme sus secretos:
Un pensamiento de alegría brotó en su ser
Sin jamás pronunciar palabra; Y ahora, a menudo veo
Que esa amigable, tierna flor, ya nunca se marchitará.

Hace mucho, mucho tiempo, tuvimos un niño pequeño,
(¿Sucedió hace mucho o sólo ayer?)
Hacia los ojos de su madre, y los míos, él sonrió
Toda su corriente de inconsciente amor,
Y cobijado en nuestros brazos, así durmió.
¡Un ángel convocado! No pudimos retenerlo;
Sin embargo, nuestros brazos en secreto
Continuaron acunándolo.
Nuestro niño pequeño ya nunca desaparecerá.

¿Hace mucho, mucho tiempo? ¡Ah, memoria, aclárate¡
(No fue hace mucho, sino ayer)
Tan pequeña, indefensa y amada,
No dejes que la canción muera, que la flor se marchite.
Su voz, sus ojos al despertar, su gentil reposar:
Las pequeñas cosas están a salvo en tu memoria;
Permite que nuestro ángel habita allí, para siempre.