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La catrina y las calaveras, la imagen de la muerte en México, ante el mundo

El Día de Muertos es un día festivo celebrado en México cada año. Comenzando el 31 de octubre y concluyendo hasta el 2 de noviembre, la fiesta anima a las familias a reunirse y recordar a los que han partido de ésta vida terrenal.

Es un tiempo para la oración, la celebración y los viajes espirituales. Si te encuentras en México en esta época del año seguramente vas a encontrar altares decorados de una manera increíble, llamados ofrendas , flores típicamente mexicanas llamadas cempasúchil y rimas por doquier que hacen referencia a los vivos como si estuvieran muertos: las calaveras literarias.

Y si, las calaveras son un símbolo importante de la cultura mexicana. Sirven como un recordatorio para disfrutar de la vida y abrazar la mortalidad. La calavera es una manera de reconocer que la vida es sagrada y que la muerte es un rito de pasaje.

En México hay una calavera muy famosa: La Calavera llamada Catrina  Arraigada profundamente en la mente y corazón de los mexicanos, la Catrina se considera la personificación de Día de Muertos. Fue creada por José Guadalupe Posada en 1910 y es sin duda la imagen de la muerte en México.

Posada fue el ilustrador más ilustre de México. Caricaturista político y grabador, trabajó incansablemente durante más de cuarenta años produciendo ilustraciones para periódicos, periódicos, novelas, libros de cocina y cancioneros. Posada vivió durante una de las épocas más turbulentas de la historia del país: la revolución.

Hoy en día, Posada es mejor recordado por sus calaveras divertidas y a menudo satíricas. Durante las celebraciones de Día de Muertos, Posada trabajaría duro para producir trabajos con estas figuras esqueléticas.

Posada creó su icónica Catrina en 1910; a la par que la revolución estaba comenzando. La imagen es un grabado de zinc que muestra un esqueleto sonriente con un sombrero de plumas. Este tipo de sombrero habría sido común entre las clases altas.

Durante el tiempo en que se hizo, habría sido común para algunos miembros de la alta sociedad mexicana blanquear su piel con maquillaje y adoptar formas aristocráticas. Ser más europeo era una aspiración común para los más privilegiados. Al comenzar la revolución, Posada creó una especie de obituario satírico para esta parte de la sociedad.

Trágicamente Posada fue olvidado en gran parte por el final de su vida. Murió en la pobreza y fue enterrado en una tumba sin nombre. La sátira, por su misma naturaleza, es típicamente efímera y el trabajo de Posada no fue una excepción.

Con el tiempo, muchos artistas han rendido homenaje al incorporar las imágenes de Posada en su propio trabajo. Quizás el homenaje más apropiado puede verse en el trabajo de Diego Rivera.

Su obra sigue siendo un testimonio del espíritu mexicano. Está lleno de vida, humor y un inquebrantable sentimiento de rebeldía. Así viva la calaveras y viva José Guadalupe Posada. ¡Vivan los muertos!