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El Amor Engañoso – Charles Baudelaire

El Amor Engañoso

Seguimos con más de lo mejor en nuestro portal de poemas románticos, esta vez traemos un material de Charles Baudelaire (1821 – 1867), quien fue un prestigioso poeta, crítico de arte y traductor francés, muy conocido también como el poeta maldito, esto por sus muy conocidos excesos las tendencias de sus obras. No obstante, un buen poeta por lo general no detalla al pie de la letra el entorno de su obra, ya que la poesía de calidad escarba en la mente del lector poniendo rostros y escenarios que nuestra memoria demanda y esto lo sabía Charles Baudelaire. El poemaEl Amor Engañoso” es un claro ejemplo a lo que nos referimos, en donde el poeta a penas insinuado sus propios rostros, paisajes y recuerdos, dejando la libertad de la imaginación pero muy bien plagado de la intensidad que este poema de amor transmite.

Esperamos que disfruten de “El Amor Engañoso”, como siempre amigos no olviden en compartir sus opiniones y comentarios al igual que visitar las siguientes recomendaciones que nuestro portal de poemas románticos tiene para ofrecer:

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El Amor Engañoso

Cuando te veo cruzar, oh mi amada indolente,
Paseando el hastío de tu mirar profundo,
Suspendiendo tu paso tan armonioso y lento
Mientras suena la música que se pierde en los tejados.

Cuando veo, en el reflejo de la luz que la acaricia,
tu frente coronada de un mórbido atractivo;
donde las luces últimas del sol traen a la aurora,
y, como los de un cuadro, tus fascinantes ojos.

Me digo: ¡qué bella es! ¡qué lozanía extraña!
El ornado recuerdo, pesada y regia torre,
la corona, y su corazón, prensado como fruta,
y su cuerpo, están prestos para el más sabio amor.

¿Serás fruto que en otoño da maduros sabores?
¿Vaso fúnebre que aguarda ser colmado por las lágrimas?
¿Perfume que hace soñar en aromas desconocidos,
Almohadón acariciante o canasto de flores?

Sé que hay ojos arrasados por la cruel melancolía
Que no guardan escondido ningún precioso secreto,
Bellos arcones sin joyas, medallones sin reliquias;
más vacíos y más lejanos, ¡oh cielos!, que esos dos ojos tuyos.

Pero ¿no basta que seas la más sutil apariencia,
alegrando al corazón que huye de la verdad?
¿Qué más da tontería en ti, o peor aún, la indiferencia?
Te saludo adorno o máscara. Sólo adoro tu belleza.