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El yo pecador del artista – Charles Pierre Baudelaire

El yo pecador del artista

Un cariñoso saludo estimas lectores y bienvenidos a nuestro portal de poemas románticos, hogar de los mejores poemas de amor y amistad de la red. Para esta ocasión traemos un poema que se ha traducido de su lengua natal al español, y a pesar de haber pasado dicho proceso en ningún momento se pierde la escancia que el autor ha deseado plasmar en tan fina poesía.

Iniciaremos diciendo que Charles Pierre Baudelaire (1824 – 1867) fue un poeta, crítico de arte y traductor francés el cual popularmente ara conocido con el sobrenombre de poeta maldito, debido a su vida de bohemia y excesos. Se caracterizo por ser el un genio de la literatura, lo cual lo llevo al estatus de ser considerado el poeta de mayor impacto en el simbolismo francés y el poema “El yo pecador del artista” es una prueba tangible de porque semejante reputación.

Esperamos que disfruten de esta nueva entrega de nuestro portal de poemas románticos, antes de concluir les recomiendo leer “Cuando los ángeles merecen morir”.

El yo pecador del artista

¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.

¡Delicia grande la de ahogar la mirada en lo inmenso del cielo y del mar! ¡Soledad, silencio, castidad incomparable de lo cerúleo! Una vela chica, temblorosa en el horizonte, imitadora, en su pequeñez y aislamiento, de mi existencia irremediable, melodía monótona de la marejada, todo eso que piensa por mí, o yo por ello -ya que en la grandeza de la divagación el yo presto se pierde-; piensa, digo, pero musical y pintorescamente, sin argucias, sin silogismos, sin deducciones.

Tales pensamientos, no obstante, ya salgan de mí, ya surjan de las cosas, presto cobran demasiada intensidad. La energía en el placer crea malestar y sufrimiento positivo. Mis nervios, harto tirantes, no dan más que vibraciones chillonas, dolorosas.

Y ahora la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez. La insensibilidad del mar, lo inmutable del espectáculo me subleva… ¡Ay! ¿Es fuerza eternamente sufrir, o huir de lo bello eternamente? ¡Naturaleza encantadora, despiadada, rival siempre victoriosa, déjame! ¡No tientes más a mis deseos y a mi orgullo! El estudio de la belleza es un duelo en que el artista da gritos de terror antes de caer vencido.