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Las Sirenas

Las Sirenas

Iniciamos el fin de semana solventando una petición pendiente con Sorayda Castillo, quien nos ha solicitado amablemente que publiquemos un poema acerca de sirenas. Buscando entre los materiales poéticos de nuestro blog de Poemas Románticos y en la red he topado un bello poema de  Antonio Porpetta el cual considero el poema perfecto para complacer a nuestra apreciada lectora.

Pero antes de compartir el hermoso poema llamado “Las Sirenas” quisiera compartir otro material el cual ha sido solicitado pero ya poseemos material publicado para dichas peticiones, se trata de poemas de amor para dedicar a la compañera de vida, así que si buscas con poema de esa temática te dejamos el siguiente hipervínculo para que visites este hermoso poema de amor: Poema para Esposas.

Sin más demora espero que disfruten de nuestro poema correspondiente del día de hoy y al igual que Sorayda Castillo los invito a pedir sus poemas de amor, poemas de amistad o de cualquier índole que usted desee, recuerde que estamos para servirles. En caso de no haber visitado nuestra anterior publicación les recuerdo que es un bello Poema para cumpleañero, para que lo compartas a todos aquellos que celebran su día especial.

 Las Sirenas

Vieron llegar la nave:
como siempre
elevaron sus cánticos pianísimos,
sus murmullos de lluvia y arboleda
que un céfiro brumoso llevaba lentamente
a las sienes morenas de los hombres,
allí, donde se oculta el desconsuelo
y remotos paisajes se atesoran
con el secreto brillo de su azogue…

Vieron pasar la nave:
nadie se conmovió,
nadie se derrumbaba, loco, sobre el agua,
nadie quiso buscar, enajenado,
sus pechos luminosos, sus miradas de jaspe,
sus escamas de fuego y de coral.
(Un hombre entre cadenas,
hermoso como un héroe,
desgarraba con llantos y alaridos
aquel hondo y sereno navegar…)

Vieron cómo la nave se alejaba
ajena, indiferente,
en calma singladura
hacia islas felices y puertos abundosos,
firme como el destino, libre como el olvido,
desplegadas sus velas al viento y a la sal…

Ausentes, melancólicas,
asoladas de un lívido temor,
dejaron de cantar, envejecieron,
quedaron con los siglos
ignoradas de todos, convertido
en historia dormida su recuerdo.
Y una pobre mañana,
entre un torpe revuelo de peces fugitivos,
diéronse a lo profundo, naufragaron
su pálido esplendor…

Todos los navegantes debieran perdonarlas:
ellas nada querían,
ellas sólo cantaban y cantaban…
Ellas nunca supieron que en sus voces
habitaba la muerte.

Autor: Antonio Porpetta