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ODA A LA SOLEDAD

ODA A LA SOLEDAD

Bienvenidos nuevamente a otra de nuestras fabulosas entrega de su portal número uno de poemas románticos en donde se deleitara con las más bellas palabras de todos esos grandes y famosos escritores que dejan sus sentimientos impregnados en una hoja de papel, para la entrega de este día les tramamos un poema en donde la tristeza es el protagonista ya que estando solos sin nadie que nos comprenda es la mayor tristeza de todas, disfruten este poema titulado Oda a la Soledad.

El poema a continuación es uno de nuestra colección de poemas de amor, pero como todos sabemos en el amor no todo rosas y colores, también están sus bajos y desamores, el artículo trata de la soledad que nos inunda el corazón cuando esa persona amada se va de nuestras manos.

Esperamos y les haya sido de su total agrado este poema titulado Oda a la Soledad y les invitamos a que día a día nos visiten ya que estamos actualizando nuestros contenidos con los mejores poemas románticos de toda la web, aquí más de estos poemas de amor:

Una lluvia en el alma…

Poema de un beso nada más…

 

ODA A LA SOLEDAD
José Ángel Valente

Ah soledad,
Mi vieja y sola compañera,
Salud.
Escúchame tú ahora
Cuando el amor
Como por negra magia de la mano izquierda
Cayó desde su cielo,
Cada vez más radiante, igual que lluvia
De pájaros quemados, apaleado hasta el quebranto,
y quebrantaron
Al fin todos sus huesos,
Por una diosa adversa y amarilla
Y tú, oh alma,
Considera o medita cuántas veces
Hemos pecado en vano contra nadie
Y una vez más aquí fuimos juzgados,
Una vez más, oh dios, en el banquillo
De la infidelidad y las irreverencias.
Así pues, considera,
Considérate, oh alma,
Para que un día seas perdonada,
Mientras ahora escuchas impasible
O desasida al cabo
De tu mortal miseria
La caída infinita
De la sonata opus
Ciento veintiséis
De Mozart
Que apaga en tan insólita
Suspensión de los tiempos
La sucesiva imagen de tu culpa
Ah soledad,
Mi soledad amiga, lávame,
como a quien nace, en tus aguas australes
y pueda yo encontrarte,
descender de tu mano,
bajar en esta noche,
en esta noche séptuple del llanto,
los mismos siete círculos que guardan
en el centro del aire
tu recinto sellado.